jueves, 3 de noviembre de 2016

Cenizas no son objetos ni cosas

El Arzobispo de Guadalajara, Cardenal José Francisco Robles Ortega, desmintió que la Iglesia quiera lucrar con las nuevas medidas implementadas por El Vaticano.

Yara Martínez González

Como una falsa lectura de las medidas adoptadas por la Santa Sede respecto a conservar las cenizas de los difuntos sólo en lugares sagrados, calificó el Arzobispo Metropolitano y Presidente de la Conferencia del Episcopado Mexicano, Cardenal José Francisco Robles, a las críticas que se han emitido respecto al tema, y que aseguran existe un interés monetario por parte de la Iglesia al adoptar estas normas.
En entrevista al término de la Misa dominical en la Catedral Metropolitana, el reciente 30 de octubre, explicó que las cenizas son un cadáver al que se le aceleró su proceso de descomposición, y por ello no debe tratarse como una cosa u objeto; al contrario, debe mantenerse la dignidad de la persona aun después de su muerte.
“Eso es ingenuo decirlo. En ese caso, imagínense en manos de quién han estado los Cementerios; no han estado en manos de la Iglesia, están en manos de las Autoridades. Ciertamente, para que la Iglesia ofrezca nichos, sí se necesita invertir para adecuar los espacios, y después se necesita invertir para mantenerlos dignos, pero no es un negocio. Es una falsa lectura de estas medidas, es una falsa lectura de esta intención con la que la Iglesia quiere salvaguardar la dignidad y el valor de las personas. No olvidemos que estos restos no podemos tratarlos como si fueran cosas”.

JUSTICIA PARA TODOS
El Presidente del Episcopado Mexicano también hizo un llamado a la Sociedad y a las Autoridades a no quedarse callados respecto al tema de la inseguridad, y a no relajar las medidas sólo porque las estadísticas señalan que los índices van a la baja. Aseguró que la violencia existe, y son los ciudadanos quienes más la sufren y padecen.
“Tristemente, el clima de inseguridad y violencia está presente en muchas ciudades del país, y en algunos Estados con más acentuación, y es una pena y tristeza que vivamos este clima de inseguridad. A veces, nuestras Autoridades parecen manifestarse tranquilas por las estadísticas; pero, más allá de las estadísticas están las personas, y son ellas las que sienten y sufren esta situación (…) No nos quedemos con la frialdad de los números y con el engaño de que, porque los números lo dicen, la inseguridad está disminuyendo. El hecho es que ahí está la violencia, y las Autoridades tienen que mantenerse muy alerta para que este clima de inseguridad disminuya, y nosotros como Sociedad, hacer lo propio”.
Sobre el tema del Presidente del Supremo Tribunal de Justicia del Estado, Luis Carlos Vega Pámanes, quien pidió licencia la semana pasada por acreditársele antecedentes penales, señaló que no sólo él debe de rendir cuentas, sino todos los Funcionarios a quienes se les comprueben casos de injusticia o nexos con la delincuencia organizada.

Jesús quiere vivir en nuestra Ciudad para transformarla

Cardenal José Francisco Robles Ortega,
Arzobispo de Guadalajara

Hermanas y hermanos muy apreciados:

Nuestras ciudades albergan habitantes que gozan de muchas oportunidades; pero, al mismo tiempo, alojan a muchísimas familias que sobreviven en extrema necesidad y pobreza.
Jesús tiene interés por conocer a los moradores de cada localidad, y quiere aprovechar cada encuentro para obrar una transformación para bien, para mejorar la vida y dignidad de todos.
El Señor entra en nuestra Ciudad y permanece, como por ejemplo en los Templos, en los que se celebra la presencia de Jesús Resucitado, y se hace vivo y presente. Quiere conocernos, quiere conocer nuestras necesidades y problemas, para obrar en nuestros corazones una transformación; para que la vida sea más justa y con mayor equidad, y con interés por las necesidades de todos.
Pero no sólo ingresa a nuestra ciudad, sino que permanece, y quiere tocar nuestro corazón, nuestra realidad, la que cada uno vive, aun en el pecado y en la injusticia. Quiere ver nuestro rostro y hospedarse en nuestra casa.
No obstante seamos pecadores, si hay interés por recibir a Jesús de una forma sincera, Él corresponde al deseo que tenemos de conocerlo. Y si conocerlo causa alegría, esto habla del motivo de buscarlo de una manera auténtica.
Si queremos descubrir quién es el Señor, el Maestro, y que actúe una transformación en nuestra vida y en nuestro corazón; si deseamos experimentar una verdadera conversión, debemos estar movidos por un interés auténtico en nuestro corazón, de conocerlo, de hablar con Él. Entonces, el Señor no dudará en decirnos que quiere estar con nosotros, a solas, y desatar todo aquello que nos hace infelices, que nos hacer perder la paz y que nos estorba para estar plenamente realizados.
Sólo en un encuentro verdadero y humilde con Cristo, puede recuperarse la paz y la alegría, dejando todo aquello que no es verdad, que no es justo, que no es bueno.
¿Qué sería de nuestra Ciudad si en cada lugar donde nos encontramos con Jesús, como en el momento de la Eucaristía, los asistentes lo buscamos con sinceridad, y dejamos que se hospede en nuestro corazón y nos haga ver todo aquello que nos ata y que no está bien, que es fuente de maldad e injusticia para con los demás, y que le digamos que estamos dispuestos a cambiar, a dejar todo lo que nos estorba? ¿Cuál sería el resultado?
Disminuiría la violencia que afecta a la Ciudad, la injusticia que golpea a tantos hermanos en la Sociedad; disminuiría el egoísmo que no nos deja ver al que vive al lado, y que sufre, que necesita nuestro auxilio; disminuiría la vanidad y la ambición desordenada por las cosas materiales; disminuiría el desorden que nos lleva a satisfacer nuestros sentidos. Nuestras relaciones serían más fraternas y más justas.
Para que esto suceda, necesitamos la libertad y la voluntad. Jesús responde amorosamente a quien se acerca a Él con sinceridad, libertad y voluntad.
Dios siempre disimula ante el mal que cometemos (Cfr. Sab. 11,22-12,2). Espera que le digamos que anhelamos cambiar, ser otros, e inmediatamente nos da todo su Amor, su perdón, su Misericordia. El Señor quiere vivir en cada uno para transformarnos, y vivir en nuestra Ciudad para transformarla.

Yo los bendigo en el Nombre del Padre,
y del Hijo y del Espíritu Santo.

REFLEXIVAS

La vida es una escuela en la que está uno para aprender. Es una sucesión de problemas que exigen ser comprendidos como lecciones.

Apolonio Valdés de Luna

EPIGRAMARIO

El Juglarón Arrimado

El caso Vega Pámanes,
De final muy esperado,
Dio pábulo al linchamiento

Presidente Magistrado,
por delitos del pasado,
resultó defenestrado
de un Poder muy cuestionado.

Pero en lugar de hacer leña
de un árbol tan pisoteado,
hay que poner más cuidado
a nuestra Justicia en breña.

No es por olvidar el tema,
Pero mirar adelante
Es una ideal solución

Y más allá del estorbo
de un juzgador polizonte,
es un mejor horizonte
eliminar el ruin morbo.

Igual en Legislativo,
como en el Ejecutivo,
pongan barbas a remojar,
sin volver piedras a tirar.

Raptos, ajusticiados,
Asaltos y homicidios,
El cotidiano pan nuestro

En Colombia recibieron
Premio Nóbel de la Paz.
¿Será porque escogieron
a un Mandatario capaz?

En cambio, en nuestra Nación,
no hay quién pare la violencia;
el clamor es de clemencia
por tan general desazón.

¡Vaya Campañas de gringos
De próximas Elecciones,
Con rasgos de mexicanas!

En la Yankilandia ‘ejemplar’
también se cuecen las habas:
se dan con todas sus ganas,
con tal del país gobernar.

Poco falta para saber
si Trump o Hilaria ganará,
pero a México convendrá
el más afín a su parecer.

El cartón de Hocio

Cartón Comicios EUA

EDITORIAL

México respira entre tanta violencia

Decían los antiguos que el vacío de Poder conduce a la incertidumbre en todos los niveles; afloja las tuercas de la cordura, y se llega así a una Sociedad permisiva en muchos sentidos, sin conciencia del respeto por Leyes e Instituciones ni por creencias religiosas. Hay indecisión y desconfianza en los asuntos públicos.
No es consuelo saber que en el mundo hay demasiados muertos. La violencia se valida a sí misma como desquite del sufrimiento, de la pobreza, de la ausencia de valores y de educación. Ciertamente es más grave ese terrorismo nacido de preceptos religiosos, invocados como razón para destruir, atacar.
El mundo camina a contrapelo de incongruencias sociales, económicas, religiosas, culturales y políticas. México, en particular, sufre por ser punta de lanza de los países pobres y por la cercanía a las naciones poderosas. Destacan las “peregrinaciones” sin límite de inmigrantes que circulan por nuestras ciudades. El mundo busca culpables. Hay incertidumbre, violencia económica. Los crímenes y sus autores no están lejos. Los conocemos casi con nombre, apellido, domicilio, y algunos, por sus puestos públicos.
Hemos llegado a una Sociedad en descomposición. Nuestras carencias nos deprimen; no obstante, nuestros valores nos urgen a levantar la cabeza. Y, sin embargo, evadimos compromisos sociales, políticos, de Credo. En vastas regiones la educación es todavía hambre no satisfecha.
Existen demasiadas piedras manchadas de sangre en el territorio nacional. Hay miseria, furor anidado con rencor en las familias. Los crímenes son una especie de desquite contra la Sociedad, por la ignorancia, el resentimiento. ¡Hay hasta delincuentes en puestos otrora honorables! Crímenes a mansalva, ajustes de cuentas.
Desasosiego social que impera en pueblos, hogares, iglesias. La indigencia es la consejera más cercana a la violencia, con tal de comer sin trabajar. Hay cerrazón social que se percibe en ciertos estratos sociales contra los que menos tienen. De esta situación, la indigencia callejera, a los robos, hay sólo un paso seguro e inminente; el caldo de cultivo está en los mismos Gobiernos que carecen de proyectos sociales congruentes; las dádivas “generosas” que ofrecen son parches mal puestos.
En numerosos pueblos se vive una precariedad económica lastimosa. Situaciones dolorosas en más del 50% de las familias mexicanas. Hay, en contraparte, sueldos obscenos, estratosféricos, que percibe la clase política con descaro. El no tener lo mínimo para sobrevivir desespera a las familias, las coloca al filo de la angustia y al borde de tomar soluciones equivocadas.
Durante su venida a México, el Papa Francisco fue testigo y Padre angustiado por la pobreza que vive el país. Invitó a tener presente a aquellos que sufren “la nueva esclavitud de la miseria, del trabajo mal remunerado. En otra ocasión, dijo: “Luchemos todos juntos contra el ídolo dinero, contra un sistema sin ética, injusto, en donde se imponen leyes inhumanas.
El valor de cada persona, para muchos, sale sobrando. Hay víctimas en numerosos sentidos: trata de personas, narcotráfico, trabajo como esclavitud, demasiados niños y mujeres que sufren distintas formas de violencia”… ¡Hoy, se necesitan respuestas!

jueves, 27 de octubre de 2016

El Maestro de la compasión lo llamó por su nombre “Zaqueo”

Juan López Vergara

El pasaje que nuestra Madre Iglesia ofrece hoy, es exclusivo del Evangelio según San Lucas, quien inscribe en la memoria eclesial la profunda significación de la dimensión social de un milagro del Señor Jesús: la conversión de un hombre rico, dedicado a explotar a sus hermanos (Lc 19, 1-10).

‘HOY TENGO QUE QUEDARME EN TU CASA’
Jesús, de camino a Jerusalén, entró en Jericó, ciudad aduanera, exportadora de bálsamo, lindante con la Provincia de Arabia. En ella residía un hombre acaudalado llamado Zaqueo, quien era el Jefe de los recaudadores, servidores de los ocupantes romanos, a quienes el pueblo odiaba, evitándolos como la peste. El sistema de Impuestos establecía que aquellos traidores debían pagar una suma fija al Estado y, para conseguirla, solían abusar, exigiendo más de lo debido para quedarse con jugosos remanentes (véase Lc 3, 12-13).
Sorprende, por tanto, que aquel publicano, que presuntamente sólo vivía para el dinero prostituyendo su lealtad para con su pueblo, deseara ver a Jesús. El gentío se lo impedía, debido a su pequeña estatura (véase vv. 1-3). ¿Será que el pueblo se vengaba haciendole bullying? Pero era tal su anhelo de ver a Jesús, que aquel audaz chaparrillo, ni tardo ni perezoso, “corrió y se subió a un árbol para verlo cuando pasara por ahí” (v. 4). Al llegar a ese lugar, “Jesús levantó los ojos y le dijo: ‘Zaqueo, bájate pronto, porque hoy tengo que quedarme en tu casa’” (v. 5).

‘HOY HA LLEGADO LA SALVACIÓN’
Jesús lo llamó por su nombre y decidió alojarse en su hogar. Lucas muestra, así, la misteriosa intuición del Nazareno. La reacción de Zaqueo no se hizo esperar; bajó enseguida y recibió a Jesús muy contento, a pesar de las murmuraciones de sus vecinos (véanse vv. 6-7). Zaqueo, entonces, le prometió a su huésped: “Mira, Señor, voy a dar a los pobres la mitad de mis bienes, y si he defraudado a alguien, le restituiré cuatro veces” (v. 8).
Jesús le dijo: “Hoy ha llegado la salvación a esta casa, porque también él es hijo de Abraham, y el Hijo del hombre ha venido a buscar y salvar lo que se había perdido” (vv. 9-10). Estas palabras resumen el Mensaje y la praxis de Jesús, que anuncian el perdón incondicional de Dios, que no excluye absolutamente a nadie.

UN MILAGROSÍSIMO MILAGRO
En el ‘hoy’ de aquel pobre hombre rico se cumplió el texto de la Escritura, que promete la Buena Nueva a los pobres (véase Lc 4, 18). Porque no sólo hay pobreza económica, sino también pobreza antropológica. En el ‘hoy’ de aquel pobre hombre rico, Jesús llevó la salvación que suscita verdaderas transformaciones donde menos se esperarían. Recordemos aquella advertencia de Jesús: “‘Es más fácil que un camello entre por el ojo de una aguja, que el que un rico entre en el Reino de Dios’. Los que lo oyeron, dijeron: ‘¿Y quién se podrá salvar?’ Respondió: ‘Lo que es imposible para los hombres es posible para Dios’” (Lc 18, 25-27). ¿Acaso no es un milagrosísimo milagro la conversión de un hombre rico?
Jesús, el Maestro de la compasión, lejos de sumarse al bullying que le hacía el pueblo, se detuvo y lo llamó, y por su nombre: “Zaqueo”…