Si lo quisiéramos, podríamos ser un fuego ardiente para abrasar los corazones de todo el mundo… Pero quizás no somos sino hielo.
Beata María de la Providencia
Fundadora del Instituto Religioso de Auxiliadoras.
Si lo quisiéramos, podríamos ser un fuego ardiente para abrasar los corazones de todo el mundo… Pero quizás no somos sino hielo.
Beata María de la Providencia
Fundadora del Instituto Religioso de Auxiliadoras.
CARMELO LENGO
El Obispo Alcalde realizó, en pocos
Años, mucho más que la mayoría de
Todos los Alcaldes de Guadalajara:
Como herencia a la Ciudad,
Dejó obras entrañables,
Que aún son perdurables,
Frutos de su caridad.
Cuán distinto proceder,
De la punta de incapaces,
Los políticos voraces
Del dinero y del poder.
Como siempre, todos hemos de pagar
Por la corrupción, malos manejos e
Ineptitudes de Empresas Paraestatales:
Para sacar adelante
A gobernantes actuales
Y a líderes sindicales,
Nuestro apoyo es importante.
Si hoy están en bancarrota
Empresas, por corrupción,
Obliga contribución,
Con espíritu patriota.
El Secretario de Gobernación consuela
A miles de deportados prometiéndoles
Que pronto tendrán aquí trabajo y dinero:
Les dijo pierdan cuidado,
Pues Peña trabaja duro
Para que tengan futuro,
En México, asegurado.
Seguro que al que regresa,
Tristemente deportado,
Lo nombrarán Diputado
O Gerente de una empresa.
Mientras haya intereses económicos
De por medio, no se solucionarán
Problemas de la miseria e injusticia:
Van a seguir adelante,
Inequidad, explotación,
Privilegios sin razón,
Y la miseria ultrajante.
Porque a más de uno conviene
Que injusticia permanezca,
Si con ello hace que crezca
El dineral que ya tiene.
Obras son amores: el Obispo Alcalde
Guadalajara también tiene su centro en Belén. Un centro emocional por el dolor que recuerdan todas sus paredes; un centro que es testigo, guardando y escribiendo historias perennes: los anales del ejercicio de la caridad. Y el Hospital de Belén ha tenido su centro en el octágono central, por años, desde que ahí se celebró por primera vez la Eucaristía para consuelo de todos los enfermos y de quienes los atendían. Han transcurrido siglos de resistir y asistir “a la Humanidad Doliente”; centurias de albergar a familias sacadas del arroyo de la pobreza, en las “casitas” en torno al Santuario, edificadas también por el magnánimo Prelado.
Estos dichos han salido de los hechos ininterrumpidos en pro de los beneficiarios: el Hospital de Belén ha sido el pionero en acercarse con amor a los que más sufren. Un lugar en donde siempre ha habido una mano tendida para el que sufre. Un Panteón para, llegado el último momento, gozar de la cristiana sepultura. Espacios históricos plenos de ternura, pensados para quienes no acababan por aliviarse de su dolor de ser pobres.
Belén: un claustro hermoso, centenario, sostenido por columnas firmes, de canteras ancestrales y corredores en construcción que una vez vieron deambular al infatigable “Fraile de la Calavera”, y por donde seguirían caminando, para continuar su obra, los peones de tiempo libre, los asalariados de todo tipo, los pequeños constructores y los grandes arquitectos de la salud. Curar sigue siendo la tarea de esta Institución, heredada del Obispo Fray Antonio Alcalde y Barriga, y hoy con Universidad e Investigación terapéutica a su servicio. Manos expertas y bitácoras de la Medicina que van construyendo nuevas esperanzas.
Pero, ahí también, abnegadas Monjas y creyentes, grupos altruistas del Siglo XX y de este incipiente Siglo XXI, que han continuado dando forma a la admirable Pastoral de la Salud instituida por Alcalde. Son ya casi tres y medio siglos, 243 años puestos al servicio de la Esperanza, con una Fe inquebrantable para que la Caridad no disminuya. Cuidando que el amor a la vida no se diluya en el trueque o en el favoritismo que dan los recursos materiales.
Belén: para algunos, es una calle; para otros, una construcción inmensa o un Jardín Botánico, de días hermosos otrora de orgullo para la ciudad; un barrio en cuyas inmediaciones incluso se han sacrificado Mártires. Pero en todo el mundo la Palabra Belén recuerda el nacimiento de un anhelo lleno de amor y ternura.
¿Quién ha sido para la Historia este Fraile que llegó aquí casi anciano como Obispo a esta región episcopal de Occidente cuyas dilatadas fronteras llegaron hasta el Estado de Texas? Si atendemos a la frase bíblica salida de labios de Jesús: “…Por sus frutos los conoceréis”, nada habría qué añadir a la biografía de Fray Antonio, aunque al examinar con lupa su inmensa obra en favor de los pobres y de los que sufren, a quienes solamente les queda como su último recurso la confianza en Dios, nos recuerda la Historia que, sobre todo, fue un verdadero hombre creyente…
Para muchos historiadores, este Religioso Predicador fue un Obispo fuera de serie, de inteligencia privilegiada, a quien nada detuvo para organizar con talento todo aquello que se proponía; hombre bondadoso y de inquebrantable voluntad. Dicen que la miseria del pueblo es madre de todas las enfermedades, y él, al fundar este Hospital, habría de recordarnos permanentemente lo que hoy es una consigna: “La Salud del Pueblo es la Suprema Ley”.
Y, pese a que murió sin ver concluida su abundante obra benéfica (incluida la Universidad), su pródiga herencia permanece desde 1794, en que fue abierto uno de los legados más relevantes: el nosocomio que hoy es símbolo a nivel nacional en la atención a los más urgidos y necesitados, con ciencia, tecnología médica de punta, y un gran profundo sentido del humanismo y la caridad.
Juan López Vergara
El Santo Evangelio que nuestra Madre Iglesia presenta hoy, comprende imágenes que invitan a discernir los verdaderos valores del Reino: el tesoro, la perla fina, aquellos peces cuidadosamente separados de los detritus por los pescadores y, por supuesto, la comprometida sabiduría del Escriba, que se ha hecho discípulo del Reino (Mt 13, 44-52).
CRISTO ES EL TESORO SUPREMO Y LA PERLA PRECIOSA
Casi al final del Capítulo Trece del Evangelio aparecen tres Parábolas, que muestran al Reino de los Cielos ser semejante a un hombre que, al encontrar un tesoro, “lleno de alegría, va y vende cuanto tiene y compra aquel campo” (v. 44). Asimismo, el Reino se parece a un hábil comerciante que, al hallar una perla de gran valor, liquida sus haberes para poder adquirirla (véanse vv. 45-46). “También se parece el Reino de los Cielos a la red que los pescadores echan en el mar y recoge toda clase de peces. Cuando se llena la red, los pescadores la sacan de la playa y se sientan a escoger los pescados; ponen los buenos en canastos, y tiran los malos” (vv. 47-48). El que descubre el Reino, prescinde de todo para gozar de él.
Orígenes se refiere a Cristo como autobasileía; es decir, que la Persona misma de Cristo manifiesta el Reino. Recordemos el fundamento del discernimiento paulino: “Juzgo que todo es pérdida ante la sublimidad del conocimiento de Cristo Jesús, mi Señor, por quien perdí todas las cosas, y las tengo por basura para ganar a Cristo” (Flp 3, 8).
Por consiguiente, a partir de nuestra Fe Cristiana, consideramos que Cristo es el tesoro supremo y la perla preciosa.
EL TESORO DEL BIBLISTA CRISTIANO
En la conclusión del discurso parabólico, vemos a Jesús preguntar a sus discípulos: “¿Han entendido todo esto? Ellos le contestaron: ‘Sí’” (v. 51). Jesús, entonces, les dijo: “Por eso, todo Escriba instruido en las cosas del Reino de los Cielos es semejante al padre de familia que va sacando de su tesoro cosas nuevas y cosas antiguas” (v. 52). El deseo de participar la Palabra surge de una Fe fuerte convertida en vida, como el referido maestro, que extrae de su propio tesoro.
Notemos el hecho de que se trata de su tesoro, lo cual implica que el Doctor judío, hecho discípulo de Cristo, recurra a esas cosas nuevas y antiguas que lleva dentro, y tome así la Palabra de la Verdad de su vida. No la tome de aquí y de allá, no la distribuya sin antes haberla hecho suya: “Tu palabra es antorcha para mis pasos, luz para mi sendero” (Sal 119, 105).
EL TESORO DEL EVANGELISTA MATEO
Este elogio del biblista cristiano nos lleva a sospechar del tesoro de Mateo. ¿Será acaso su discreta rúbrica? Si bien la cuestión de fondo gira en torno a dónde hay que poner el corazón, porque Jesús claramente nos enseña: “Donde esté tu tesoro allí estará tu corazón” (Mt 6, 21).
Y tu tesoro, ¿dónde está?
Bernhard Meuser
YOUCAT
Libro de la Catequesis
para la CONFIRMACIÓN
Este Libro es tu entrenador personal y te acompaña hasta el gran día de tu Confirmación, cuando, habiendo recibido al Espíritu Santo, ratificarás tu Fe en Dios y renovarás las promesas de tu Bautismo.
En sus páginas descubrirás un buen programa de entretenimiento, muchos consejos para una vida emocionante con Dios; pero, ante todo, encontrarás referencias a dos Libros importantes: la BIBLIA y el YOUCAT.
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Colonia Lomas de la Victoria.
Tels. 3144 3322 y 3144 3073.
evdgdl@prodigy.net.mx
P. Joaquín Bodego Martínez, S.V.D.
Querida Lupita:
Estoy destrozada; me siento impotente y derrotada…Mi hija tiene el terrible recuerdo de abusos que sufrió entre los cuatro y los seis años. Ahora tiene 16 y acaba de contármelo. No puedo más. Yo misma viví una situación así en mi infancia. ¿Es que esto no va a detenerse? ¿Qué hay en la cabeza de un familiar que realiza estas bajas acciones? ¿Por qué un niño? ¿Por qué?
Ella está dañada emocionalmente, tanto o más que yo. ¿Cómo ayudar cuando yo necesito ayuda?
No puedo parar de llorar…
Patricia C.
Querida hermana Paty:
Lloro contigo…Y también lo hace Cristo. Él ha estado a tu lado sosteniéndote y vuelve a hacerlo ahora, aunque no puedas sentirlo. Dios nos ha hecho para amar, y nosotros elegimos insubordinarnos. Algunos, conociendo el designio divino, se lo saltan y sólo quieren “pasarla bien, sentir placer, fluir”. Atender al llamado de nuestro Creador resulta difícil, requiere esfuerzo, autodominio, virtud. La Sociedad hedonista reinante expresa de todas las formas que no es posible para el hombre el auto-control y queda esclavizado a sus pasiones. ¡Mentira!
Nuestra naturaleza es concupiscente como consecuencia del pecado original; sin embargo, tenemos, asimismo, madera de santos, ansia de eternidad, capacidad heroica para vencernos a nosotros por el bien de los demás.
Cuando traicionamos nuestros altos anhelos, nos animalizamos. Y he aquí las dolorosas consecuencias. Nadie puede decir que un abuso es inocuo, que es sólo una forma más de obtener placer. El que abusa vive la lujuria, desorden del apetito sexual. Su antídoto es y será siempre la castidad como virtud: autodominio al servicio del amor.
Por no corresponder a nuestra naturaleza, el abuso a menores lastima lo más profundo del ser. Hiere emocionalmente, al grado de casi anular las relaciones humanas saludables de quienes han sido así dañados.
Nuestros niños deben ser protegidos; su pureza e inocencia deben conservarse intocables, y ello sólo puede lograrse poniendo el sentido común al frente de toda Familia y Sociedad.
Existe únicamente un camino para detener este Mal que lastima a tantos pequeños: ¡Educar en la pureza! Creer que es posible para la Humanidad el practicar todas las virtudes propias de nuestra naturaleza, tan superior a la naturaleza animal. Se hace necesario transformar los contenidos en torno a esta verdad, tanto en los Medios de Comunicación como en las Universidades y en el ámbito de la Justicia.
Y para quienes ya han pasado este amargo trago, quiero alentar su Esperanza. Tenemos un Dios Poderoso que sabe, puede y quiere sanar las más terribles heridas. Acercarse a esta fuente de salud y felicidad es imperante: la Fe. Acudir también a una ayuda profesional a nivel psicológico, puede aportar mucho en nuestro propio beneficio. Hemos de convencernos de que somos mucho más que nuestras malas experiencias, ¡valemos la sangre de Cristo! Aquello que pasó no podemos modificarlo, pero sí vivir en el presente poniendo nuestra mejor actitud para cambiar radicalmente nuestro futuro. Que nadie sufra lo que te tocó enfrentar a ti.
Acabemos con la visión reduccionista del hombre que lo está haciendo víctima de tantos atropellos. Anunciemos, con fuego en el corazón, que hemos sido creados para amar; llevemos el Anuncio de Jesucristo que nos invita a vivir nuestra sexualidad en plenitud, en ese marco perfecto que es el matrimonio. Suena anticuado, pero la realidad actual nos grita que fuera de ahí sólo hay desorden, dolor, desolación, injusticia y desconsuelo.