jueves, 7 de abril de 2016

Misioneros de la Misericordia perdonarán pecados reservados

El Reverendo Padre Rufino María Grández Lecumberri, de la Orden de los Hermanos Capuchinos Menores, se encuentra en la Catedral Metropolitana de Guadalajara los sábados, de las 16 a las 19 horas.

Monserrat Ayala Razo

Como parte de las acciones de Evangelización que se realizan durante el Año Jubilar Extraordinario de la Misericordia, el Papa Francisco ha enviado por todo el mundo a los Misioneros de la Misericordia, quienes a través del Sacramento de la Reconciliación, manifiestan el Amor de Dios que se vuelve perdón.
Para este fin fue nombrado el Reverendo Padre Rufino María Grández Lecumberri, Religioso de la Orden de los Hermanos Capuchinos Menores, quien puede absolver, durante todo este Año Jubilar, los graves pecados reservados a la Santa Sede. Esta facultad debe entenderse, exclusivamente, para lo siguiente:
1- Profanación de las Especies Eucarísticas mediante sustracción o retención de las mismas para su uso sacrílego.
2- Violencia física contra el Romano Pontífice.
3- Absolución del cómplice en pecados contra el Sexto Mandamiento de la Ley del Decálogo. Es decir, podrá absolver a la persona con quien el pecador ha cometido algún acto impuro.
4.- Violación directa del sigilo sacramental por parte del confesor.
Será en la Catedral Metropolitana de Guadalajara donde Fray Rufino María otorgará el perdón a quien lo solicite los sábados, de las 4 a las 7 de la tarde, o en la Residencia de la Fraternidad de los Capuchinos Menores, ubicada en la Privada Bugambilias No. 350, de la Colonia Rinconada Santa Rita.
Quienes gusten obtener más información, pueden comunicarse al número 33 35 74 06.

Pasos hacia adelante, en el camino de la Misericordia

Cardenal José Francisco Robles Ortega,
Arzobispo de Guadalajara

Hermanas y hermanos, muy apreciados:

Hace una semana, aludíamos a la indiferencia que ponemos como un escudo ante tanto sufrimiento humano. Dios, nuestro Padre, no toma esta actitud ante nuestras necesidades. Aunque nosotros demos pasos hacia atrás, Él los da hacia adelante para encontrarse con nosotros.
Nos preguntábamos: ¿Qué hay que hacer para expresar la misma Misericordia que Dios tiene para sus fieles? Hay que dar un primer paso, que consiste en detenernos a observar cuánta necesidad hay. Dando ese primer paso, seguramente vamos a vernos conmovidos para dar el segundo paso y preguntarnos: ¿Qué puedo hacer yo?
Vamos a hacer algo por aliviar, disminuir esa necesidad; una vez que hagamos algo, cualquier cosa, va a hacer crecer en nuestro corazón la intención y la obligación de realizar algo más.
Éste es el espíritu de la invitación que el Papa nos ha hecho en este Año de la Misericordia. Que experimentemos en nuestra vida cuánto amor y cuánta Misericordia tiene Él para con nosotros, que no se cansa, no se enfada, no se echa para atrás, por más mal que hagamos las cosas.
Que ese compromiso de Dios, de ser Misericordioso, al mismo tiempo que lo experimentemos, lo proyectemos ante los demás. Una forma muy concreta de hacerlo es practicando las Obras de la Misericordia con el hambriento, el sediento, el desnudo, el enfermo, el encarcelado, el migrante; con tantos hermanos y hermanas que sufren penuria y carencias.
Todo está en que salgamos de ese cuadro de indiferencia y emprendamos un primer paso; daremos, después, el segundo, el tercero. Primero, lo haremos solos, tal vez; después, en grupo, y luego en sociedad. Lo importante es que reflejemos en nuestra vida la infinita Misericordia de Dios.
Aunque cometamos un nuevo pecado, cargado de malicia, Dios no nos da la espalda y no nos abandona. Enciende, para ese nuevo pecado, un rayo de luz que nos alcance y nos motive a volver a Él.
La Misericordia es una virtud. El que la practica, se asemeja a Dios. La virtud nos asemeja a Dios, y es una virtud porque viene de Dios y nos alcanza a nosotros. Las virtudes son regalos de Dios, vienen de Él, nos envuelven y nos abrazan.
Tienen un doble movimiento: si la practico, me asemejo a Dios; y si vivo la Misericordia, me acerco más a Dios. La Misericordia, para mí, viene de Dios, se me regala, es gratis de parte de Él. Me envuelve porque soy creatura de Dios y porque Él es Bueno y Fiel.
Este Misterio de Misericordia queda sintetizado en el Misterio de la Eucaristía. La víspera de entregar su Cuerpo al Sacrificio, Jesús nos dejó, en el Pan consagrado, su Cuerpo entregado.
La víspera de derramar su Sangre físicamente, en su Pasión, Cristo nos dejó el cáliz de su Sangre. La Eucaristía es el Misterio extremo del Amor, de la Misericordia.
Cada vez que celebramos la Eucaristía hacemos para nosotros, aquí y ahora, la Muerte Redentora de Cristo como expresión de su Amor y Misericordia, para que, luego, nosotros la mostremos y la hagamos extensiva a los hermanos con acciones concretas, dando pasos hacia adelante.
Demos el paso inicial de Misericordia que se desencadene al infinito, el ejercicio, la práctica, la expresión de ella, como Dios la ha tenido para con nosotros.

Yo los bendigo
en el Nombre del Padre, y del Hijo
y del Espíritu Santo.

REFLEXIVAS

La angustia ante lo incierto, el miedo, la desesperanza,
la rabia, la envidia, el remordimiento…
cada cual tiene su propia bioquímica, y es venenosa.

Apolonio Valdés de Luna

EPIGRAMARIO

El Juglarón Arrimado

Propicia una gran confusión
el videoescándalo matón
al dividir las opiniones.

Una virtual humareda,
viral en Redes Sociales,
dio vuelo a la polvareda
del filme de unos vivales.

Loores al feminicidio
es argumento enclenque.
Como escarmiento y fastidio:
autor, proscrito en Palenque.

Prohibirán a la chusma
en los Estadios de Futbol
sobajar a los porteros.

Hinchas y villamelones,
en saques de meta, gritones,
no deberán ser groseros
con sufridos cancerberos.

Está empeñada la FIFA
en desterrar tal andancia,
mas suena a extravagancia…
quiere ganar tigre en rifa.

Apesta el descubrimiento
de cuantiosas rapacerías
de bandidos bien trajeados.

Muy bien por el Periodismo
de tan aguda investigación;
destapa trampa y cinismo,
potentados y corrupción.

Incluidos están mexicanos,
sospechosos desde hace rato;
dizque al pueblo muy cercanos,
y cuentas de Rico Mac Pato.

Ocurrentes Legisladores
pugnan por financiar reos
para negocios en prisión.

Afirman los Diputados:
“¡Por propuestas no paramos;
queremos que encarcelados
sean empresarios ufanos.

Ya desde enantes dan vida
a turbios tratos adentro.
¿Qué tal boquete en el centro
con túnel para salida?.

El cartón de Hocio

Cartoon de Hocio 2016 023

EDITORIAL

Comunicación es seguir hoy las huellas de Dios

Recién apenas, Semanario Arquidiocesano de Guadalajara ha celebrado de una manera discreta la edición de su Número 1000. Y así ha sido porque la comunicación no es una cumbre que se escala una vez en la vida, como adquirir un trofeo y guardarlo en vitrinas para la posteridad. Semanario cree que el abanico de la comunicación es tarea ineludible en el mundo presente; una tarea sin pausas y sin prisas, la cual entraña la capacidad de comunicar, y su contraparte, el interés de escuchar, de prestar atención.
En la comunicación, como en todo tipo de Periodismo, no basta con llegar a un punto que nos satisfaga; es menester “seguir llegando”. La parte esencial del comunicar es nunca cerrar las puertas, sino seguir abriéndolas; tener capacidad de escucha, de diálogo. Hoy, la Sociedad demanda una comunicación estratégica, que no sólo es crear lectores asiduos, sino abrir la variedad de propuestas para incidir en sectores diversificados. Pensar y adecuar la destreza de la comunicación es estar atento a la resonancia de lo que otros dicen o callan. Y, por supuesto, de lo que necesitan para su información.
Cada Número de Semanario, a partir del primero inicial, que en un 14 de febrero (fecha de la Fundación de la Ciudad) salió con galanura y cortesía atrevida, titulando su portada: “Buenos días, Guadalajara”, adquiere un nuevo compromiso. Cada edición es volver a empezar. Pretende mantener el alma sensible a las vicisitudes cotidianas y a las reacciones fuertes; proseguir saludando; quitarse el sombrero y ser un referente, con la coraza del respeto que se exige y se otorga.
La tarea de los Comunicadores y de los Medios no es, ciertamente, endulzar oídos, sino calar en realidades que enfrentan el mundo, la Sociedad, la Iglesia. Es tomar decisiones que valgan la pena en la construcción de una porción de la Comunidad para que se entienda mejor la noticia, la opinión, la orientación, la incitación a reflexionar y actuar.
El Papa Francisco entiende la comunicación así: -lo dijo a los Obispos del CELAM- “cuando estamos atentos al hoy de nuestras vidas, Sociedades y Comunidades Eclesiales, no nos estamos distrayendo en lo anecdótico o superficial; estamos buscando, en nuestro tiempo y nuestra realidad, la presencia viva de Dios”. Anunciar el Mensaje de Jesús en los Medios de Comunicación no consiste en ir a buscar al pasado en frases e imágenes que iluminen el presente, sino profundizar en el presente hasta encontrar a ese Dios cercano que camina a nuestro lado… “analizando los hechos, averiguando nuevos datos, criticando conductas, proponiendo ejemplos, compartiendo mensajes, buscamos encontrar y mostrar las huellas del Amor de Dios a los hombres y mujeres de este hoy”. Ésta es una ruta que Semanario ha iniciado, y quiere continuarla con modestia y firmeza.
Comunicar a través de los Medios es buscar la “cercanía y el encuentro”. La demagogia y el populismo no son tentaciones solamente de los políticos. Están también en los Medios, incluso si éstos son religiosos. El compromiso es ser atentos y precavidos testigos del presente; ser interlocutores de la Sociedad, de la política, de los diferentes estratos sociales, sin eludir a los de pensamiento diferenciado. Desde una visión de Iglesia, la tarea es dialogar, escuchar y proponer para todos. La conciencia de Semanario ha sido y sigue siendo “formar e informar”. Comunicar es generar espacios para la noticia, el análisis, el debate y la orientación en torno a los acontecimientos que nos atraen y cuestionan cada día.

jueves, 31 de marzo de 2016

Para que, creyendo, tengan Vida

Juan López Vergara

El domingo anterior celebramos la Resurrección del Señor, meditando un texto que nos recordó que Jesús se distinguió por haber pasado por el mundo “haciendo el Bien” (Hch 10, 38). Nuestra Madre Iglesia, ahora, ofrece un relato del Resucitado, demostrativo de la profunda transformación que enfrentaron los discípulos ante el evento de la Resurrección (Jn 20, 19-31).

La paz es el don
por antonomasia

Los discípulos estaban atemorizados y, de pronto, Jesús, el Señor de la Vida, se presentó y les participó su don: “La paz sea con ustedes” (v. 19). El Evangelista no quiere dejar alguna duda acerca de la identidad del Resucitado, por lo cual nos dice que Jesús mostró las manos y el costado, para que sus heridas se convirtieran en sus señas de identidad (véase v. 20a). Cuando los discípulos reconocieron a Jesús como el Señor, pasaron del miedo a la alegría, que es el sentimiento básico de la realidad pascual (véase v. 20b).
¡La paz es el don por antonomasia del Resucitado!.

Convocados a ofrecer la paz
San Juan tiene especial cuidado en transmitir que Jesús de nuevo les manifestó: “ ‘La paz sea con ustedes. Como el Padre me ha enviado, así también los envío Yo’. Después de decir esto, sopló sobre ellos y les dijo: ‘Reciban el Espíritu Santo. A los que les perdonen los pecados, les quedarán perdonados, y a los que no se los perdonen, les quedaran sin perdonar’ ” (vv. 21-23).
Este saludo envuelve un vitalizador programa, porque, para los judíos, la paz no implica sólo ausencia de problemas, sino plenitud de vida. La Paz del Señor, que capacita a los discípulos para cumplir su Misión, nace de lo más recóndito del Misterio Trinitario. Nuestra Misión tiene como fin, en consecuencia, transmitir al mundo entero esa Paz ofrecida por Jesús.

¡Señor mío, y Dios mío!
A un miembro de la comunidad que estaba ausente cuando Jesús los visitó, el testimonio de sus hermanos no le convenció (véanse vv. 24-25). Ocho días después, el Señor se presentó de nuevo (véase v. 26), y la experiencia de su presencia provocó que el dubitativo Tomás, en las heridas de Jesús, descubriera su divinidad y emitiera la más contundente Confesión de Fe contenida en los Evangelios: “¡Señor mío, y Dios mío!” (v. 28).
El Resucitado contestó con una bienaventuranza que constituye la cumbre del relato: “Tú crees porque me has visto; dichosos los que creen sin haber visto” (v. 29).
Esta bienaventuranza se explícita con la primera conclusión del Cuarto Evangelio, donde su autor expone su objetivo, el cual consistió en valerse de su pluma para dar testimonio de Jesús, el Señor de la Vida, y motivar, así, la fe en los destinatarios de su obra, que incluye a todas las generaciones que recibirán el mensaje pascual de la predicación cristiana: “Otros muchos signos hizo Jesús en presencia de sus discípulos, pero no están escritos en este libro. Se escribieron éstos para que ustedes crean que Jesús es el Mesías, el Hijo de Dios, y para que, creyendo, tengan vida en su nombre” (vv. 30-31).